Monday, December 04, 2006

Somos Dioses

Esperé cinco minutos hasta que sus ojos me hipnotizaron, caí rendido. Con fuerza, el Loco -así lo apodan- me pidió que cerrara lo ojos y le diera mis manos. Lo hice. Él las apretó y sentí el calor de su cuerpo. Me dijo: "olvida por un momento quien eres y toda la mierda que traes sobre cuestas". Tomó aire profundamente y luego exhaló largo y pausado. Estaba como poseído, realmente lo desconocí. Su mirada perdida me preocupó pero dejé que terminara su ritual. Entonces abrió los ojos y me dijo: "te acepto tal como eres".
Me sorprendió que un güey como él, a quien acababa de conocer en un bar de quinta me dijera esas palabras por tanto tiempo esperadas. Quizá fue la actitud o el énfasis con que me las dijo. Quizá notó mi mirada triste que le informó que estoy más solo que un perro de azotea. En mí, la combinación es fatal: puto, viejo y solo. Dicen que la mirada lo descubre todo, incluso la homosexualidad.
Pero, ¿él me miente o yo me dejo engañar? O simplemente hoy quiero escuchar esto que me dice. Palabras que consuelan mi alma aunque no sean ciertas.
Nos habíamos tomado unas chelas en ese bar de putos que está en Fray Servando. Él ya era famoso por intercambiar su verga por un par de chelas. Yo llegué harto de la orgía del cine Nacional. Cuando entré una jota me abordó preguntándome que hacía yo ahí; que si me había perdido porque lucía como todo un machín. Soy un mataputos le dije y ella se sonrió. “No te ves de ambiente” me dijo. “No mames –agregué- yo no soy puto, sólo me gusta mamar la verga”. Su risa se convirtió en carcajada y me invitó una cerveza. Para agradecerle le expuse una de mis teorías: que puedes ser puto, violador, ratero, borracho o lo que quieras pero sin que nadie se entere. Cruzando la puerta de tu casa eres parte de una familia. “Clara, como debe de ser” dijo la jota con un ademán de cabeza y un chasquido de dedos.
Me bebí la cerveza y dejé de prestarle atención a la jota. Miré hacia el fondo del bar y ahí estaba él también bebiendo en una mesa cerca del baño. La jota se dio cuenta y me dijo: “A ese le dicen el Loco, es bien pedo y afloja la verga”. Ya no escuché que más dijo pues me levanté y me dirigí hacia él. Desde ese momento me mostró esa mirada que me llenó de confianza y temor. Le invité unas chelas y comenzamos a charlar. Le conté muchas cosas que tenía guardadas; todos mis pedos. No sé si fue fingido pero lloramos juntos. Fue un momento catártico, muy especial. En cada trago que él daba yo sentía que se diluían mis frustraciones. Que él se tragaba lo amargo de mis penas.
Me daba igual si me estaba utilizando. Yo disfrutaba el momento, creyendo que le importaba a alguien; que pertenezco a algo; que soy alguien. Pues tengo que creer en algo: en mi o en el Loco. Siento que si no lo hago soy menos que una mierda. ¿ A que viene uno a este planeta? Si no crees en nada eres como un perro sin dueño, un huérfano. “Sin creador, sin el gran arquitecto, el dador de vida, ¿qué seríamos?” me dijo el Loco. Me ganó la risa y a la vez me sorprendí de los pensamientos de este ser tirado al vicio.
Pasaron las horas y fue momento de despedirme. Le dije que tenía que correr hacia el metro porque si no me lo cerraban. Me acompañó para luego pedirme más dinero. Le di los últimos cincuentas pesos. Antes de irse me dijo: “Tú y yo somos dioses. ¿Sabes por qué? Traté de adivinar. “Porque somos hijos de Dios” –contesté. “No –me dijo- somos dioses porque somos los únicos seres que podemos dar y quitar la vida”. Luego le perdí de vista.

Friday, November 10, 2006

La torta y la verga

Salí del cine y creo que de ver tanta verga me dio hambre. Así que me fui a comprar una torta de pollo. Me gusta porque le echan un aderezo que sabe chido y que me recuerda el semen que me trago cuando mamo. Pagué 26 pesos y me fui a un deportivo a comérmela al aire libre. Este deportivo es famoso porque ahí siempre hay gente drogándose, vagos y borrachos, seres indeseables que llaman mi atención porque pueden ser víctimas fáciles. Por eso fui para allá, para ver qué encontraba. Creo que era mi día de suerte pues de repente que veo al otro extremo del deportivo a un hombre pelón que estaba moneando. Pasó cerca de mí sin importarle mi presencia. Yo estaba en unas gradas y lo saludé con un ademán de cabeza (la de arriba). Cuando estuvo más cerca le pregunté la hora aunque me di cuenta que ni reloj traía. Me contestó que no sabia y siguió su camino.
Creo que mi cara de machín le infundió desconfianza y no sospechó que lo quería ligar. Y es que desde que vi que era pelón me gustó y me entró la curiosidad de saber si aceptaría que le diera una mamada. Como se me perdió de vista me subí todavía más alto en las gradas. Lo vi llegar a un terreno baldío cruzando el deportivo. Me quedé pensando en que quizá hubiera aceptado si le ofrecía dinero. Maldije mi timidez y falta de iniciativa. Me quedé como pendejo fantaseando con lo que pude haber hecho con esa verga.
Mientras me terminaba la torta me estaba resignando a seguir en mi mundito de ignorancia. Pero en eso vi que el tipo regresaba. Paso de nuevo al deportivo y estando cerca de las gradas se bajó los pantalones y empezó a cagar. Como ya me había acabado mi torta no me importó. Me puse a mirarlo directamente, tenía una cara como de sicario del cártel del Chapo Guzmán, con su barba de candado y su piel morena quemada por el sol. Vestía todo de negro con ropa estilo cholo. Estaba sucio y su hedor a mugre me llegaba con más fuerza que el olor de su mierda. Cuando se levantó logré verle la verga flácida pero de buen tamaño.
Nuevamente pasó cerca de mí pero no le hablé porque me asaltó la idea de que tal vez sea de esos güeyes que odian a los putos y si lo hacía de seguro me hubiera dado en mi madre. Entonces vi que se dio vuelta por la parte de atrás de las gradas hacia donde están unas bardas de frontón. Creo que fue a terminar de cagar porque como a los perros, le ha de haber incomodado que lo estuviera mirando. Caminé hacia esa dirección para al menos verle otra vez el pito o las nalgas cuando se las estuviera limpiando. Casi llegando se me apareció de frente y me miró de tal forma que entendí que había hecho bien en ser paciente y esperar. Recurrí a pocos de mis trucos de ligue ya que me armé de valor y le dije que si quería dinero para su activo. Él preguntó que qué tenía que hacer y yo sin tapujos le dije que sólo se tenía que dejar mamar. Me preguntó que cuánto le iba dar. Cincuenta pesos fue lo que consideré un buen pago para un tipo como ese. Sin objeciones aceptó y me pidió que lo acompañara.
Mientras le seguía me entraba la curiosidad de a dónde íbamos. Quise proponerle que fuéramos al cine pero con lo de las entradas aumentaría mi gasto y no se me hacía que valiera tanto la pena. Además la idea de no saber a dónde me llevaba me puso todavía más caliente de lo que ya estaba. Me atreví a preguntarle a dónde nos dirigíamos ya que nos estábamos alejando del terreno baldío y del deportivo. Me sorprendí bastante cuando me dijo que a su casa. Luego me dio algo de miedo pues pensé que en ella también estarían otros drogadictos como él y que tal vez me robarían o hasta me matarían. Pero al ir caminando por calles desconocidas me empecé a sentir cada vez más excitado.
Hablamos poco, a mí realmente no me importaba saber de su vida y creo que tampoco a él de la mía. Me preguntó si era puto para luego enfatizar que él no lo era. Que había sido casado y tenía dos hijas pero que el vicio lo perdió. Para esto yo ya me sentía algo desesperado pues habíamos caminado como veinte minutos entre calles muy enredadas. Por fin llegamos a un predio grande con una casa vieja al fondo de una fachada roída por el tiempo. Empujó una puerta de madera para pasar a un patio lleno de arbustos silvestres. Al fondo estaban unos cuartos de lamina también muy desgastados.
Me pidió que lo esperara para ver si no había nadie dentro. Me imaginé a la esposa y las hijas sentadas en la sala y a él diciéndoles que salieran un momento porque se iba a chingar a un puto. Me reí. Asomó la cabeza para decirme que podía pasar. El lugar era un verdadero desmadre. Sólo había un sofá acompañado de montones de ropa apestosa a orines. Ahí fue donde me arrojó bruscamente para sentarme. Se puso frente de mí haciendo un ademán como de que me iba a pegar. Me asusté y estuve a punto de salir corriendo pero me detuvo el hecho de ver como se sacaba la verga erecta del pantalón y me la ofrecía como madre que va a amamantar a su hijo. Ávido de verga me la iba a empezar a comer pero me detuvo para pedirme el dinero que le había prometido. Saqué las monedas que completaban los cincuenta pesos y él se los guardó en la bolsa trasera de su pantalón. Yo no esperé más y comencé a mamar y mamar hasta que sentí la fuerza de su eyaculación golpear mi paladar. Su semen estaba calientito y no tenía mal sabor pero decidí no tragármelo para no confundirlo con el aderezo de la torta.

Friday, March 03, 2006

Belleza muerta

Estaba viendo Cantando por un sueño cuando mi madre, como todos los domingos, regresó del templo. Me miró como buscando pelea. Yo di el primer golpe pidiéndole cincuenta pesos para salir a la calle. Su respuesta fue un rotundo no que me dolió como patada en los huevos. Sentí tanta frustración que tuve ganas de matarla. Y es que no soporto oír sus putas quejas de siempre, aquellas que me remontan inmediatamente a mi niñez infeliz.
Puta frustración estás de vuelta. Qué me sucede, no lo sé. Desde niño sabía que mi futuro iba a ser incierto, una mierda. Nunca he tenido ambiciones, sueños ni deseos. Justo ahora sólo quiero dinero para ir a correr, tomar una coca-cola y andar de puto. Mierda, mi ánimo está por los suelos. Ya ni el pito se me para; estoy empezando a tener problemas de erección desde hace tres meses. Nada me satisface. Primero me atasco de comida y luego quiero ir a correr. Si me masturbo no siento placer. Fantaseo sexo con mujeres, pero termino imaginando que cojo con hombres.
Pinche crisis de puta madre que ya me duró treinta años. Pero hoy prometo cambiar: lo juro por la virgencita de Guadalupe en quien no creo. O por la Santa Muerte o el que esté de moda. Prometo que para antes de mi cumpleaños, que es en mayo, voy a buscar trabajo, dejar la putería, adelgazar. Mierda otra vez. Estas promesas ya las había hecho desde hace diez años. Si tan sólo me hubiera atrevido a cambiar aquel día cuando mi padre me corrió de la casa. Mas ya es tarde, tengo que aceptar mi destino. Si yo quise ser un puto mamavergas y mantenido que puedo hacer.
Nunca me he sentido como un hombre de verdad. ¿Qué hace que un hombre se sienta como tal? Por más que busco la respuesta no la hallo. Quisiera ser como aquellos cabrones que presumen de tener viejas por montones. Quiero enamorarme, coger, llorar por una mujer. No puedo morir sin haberme sentido completo en mi hombría. Pero la verdad, es que no soporto platicar con varios hombres a la vez, o emborracharme con ellos; es más, las mujeres me dan miedo. ¿Tendrá mi puta madre algo que ver con ese temor? Con el hecho de que mi vida sea tan rutinaria. Todos los días es lo mismo: correr, comer, ver televisión y dormir.
Quizá estas sean algunas razones por las que me siento tan mierda:
Por todos los años que no he trabajado.
Por mi valemadrismo exagerado.
Por mis miedos y fobias.
Por tanta coca-cola que he tomado.
Por no querer salir de mi mundito de ignorancia.
Porque todo lo que escribo es pura mierda que no le interesa a nadie.
Por todas las bufandas que me ponía en la cara para ocultar mi acné.
Por que cuando empiezo algo nunca lo termino.
Porque me salí de la UNAM.
Porque me da por orinarme en donde sea, especialmente en los vasos en los que bebe mi familia.
Porque una vez me cagué en la sala de Juana la gorda.
Por todo el dinero que le he robado a mi familia.
Por mi obsesión con el pene ajeno.
Porque desahogo mis frustraciones maldiciendo en los chats.
Por mi diente podrido.
Por todas las veces que me han preguntado si soy gay y he dicho que no.
Por todos los putos que me han mamado la verga y los que me han penetrado.
Por todo el semen que me han vaciado en la boca y que me produce un aliento a mierda.
Porque puto nací y puto he de morir.
Porque siempre que termino de cagar y alguien entra al baño dicen que huele a belleza muerta.

Perro de azotea

Hoy más que ayer, menos que mañana (espero) me siento más solo que un pinche perro de azotea: olvidado, viejo y virgen. ¡Mierda! Una vez más estoy frente a mi televisor cambiando los canales con tal velocidad que tal vez sea la nueva forma de ver tele. A mi mirada sólo le bastan dos segundos para darse cuenta de que en la televisión sigue habiendo la misma mierda. Especialmente el programa Laura en América hecho a la medida de seres como yo. Me identifico sobremanera con los perdedores de sus panelistas, pero a la vez los detesto.

Por eso prefiero tomar el espejo y mirarme. Tomo también un depilador y comienzo a jalar vello de mi rostro. La sensación es placentera, chida pues. Lo dejo y mejor me voy por los dos litros de refresco que me compré. El resultado: un puto eructo que se escucha por toda la casa. Me regresan los pensamientos y vuelvo a pirar con lo mismo: que ya estoy viejo, desganado. No he querido saber por qué la puta terapia no me funcionó. ¿Me convendrá la hipnosis? Por qué dejé tanto para luego como dice Gloria Trevi. Y es que, nunca he tenido novia y tengo seis años sin trabajar. Justo ahora tengo 300 dólares que le robé a la perra de mi hermana, los cuales he utilizado para tragar y ver películas. No tengo culpa ni remordimientos. Pasé diez años de mi vida trabajando como esclavo de nueve a nueve como un ser obediente y servil: una perra vida.

Aunque ahora todo me agobia. Cuando quiero hacer algo no puedo, y cuando puedo no lo hago. Es un pinche círculo que me encierra. Yo necesito un impulso, pero quién. Todos son iguales a mí: perdedores, miedosos, indecisos, valemadristas. Una cadena alimenticia de mierda. Por eso no tengo amigos o más bien no quiero tenerlos. No tengo a nadie pues tenerlos me pesa, me carcome, me duele. Quiero ser otra persona pero ya es tarde. La matriz no prescribe, la realidad si. Nadie me odia más que yo. Fatídica elección, vida, frustrante obsesión, ecléctico destino, menguada situación, todo y nada, la mierda serás.

Mr. Nobody

Una vez más siento la impotencia de ser un don nadie. Fui a correr pero no corrí como yo quería; me falto algo de aire o no sé qué mierda. Termino insatisfecho, como siempre, pensando en que algo va a pasar y que mi vida va a cambiar. Divago en si voy al cine porno, al metro, a la alameda o cualquier lugar que me de un poco de satisfacción. Que me haga sentir que soy alguien. Llego al cine y el puto de la entrada me pregunta por qué no había ido. Le digo que yo si tengo una vida; que tengo más cosas que hacer además de andar de puto. Me pregunta si fui a la Marcha Gay. Con una sonrisa y una mirada de desprecio le contesto: “No mames, yo soy puto de closet, que no se me nota”. Entro a la sala, mis ojos poco a poco comienzan a distinguir las siluetas de los asistentes. Las mismas imágenes de mierda, el mismo olor a putería. Detesto ese olor a soledad, a frustración. No sé cómo decirlo pero me imagino que alguna vez lo has sentido. Una vez acostumbrado a la luz de la pantalla veo a dos putos mamando verga. Son tan feos los infelices que es la única explicación que encuentro para que estén aquí. Los dos son jóvenes, no rebasan ni los veinte años; pero eso que más da. Me siento y disfruto como nunca las mamadas que se están dando. ¡Dios mío qué rico! Me imagino que somos Ricky y yo. Me saco la verga y me la empiezo a jalar hasta que me vengo. ¡ahhhhhhhhhhhhhhh! Subo al baño y ahí está una <> quien me pregunta la hora. Le digo que no me esté chingando.
- Yo no soy puto. O qué, me viste cara de puto. Cuál es tu pedo. Por qué me hablas. Yo no hablo con putos- le dije amenazante.
Me ve con cara de miedo y me ofrece un cigarro. Y le vuelvo a gritar:
- Pinche puto. Ya te dije que no quiero nada contigo. A lo único que vengo es a mear. Y mejor lárgate. De seguro lo único que quieres es verme la verga. Típico de los putos como tú.
No me contestó nada. Verdaderamente no entiendo por qué habiendo tantas mujeres, hay tanto puto por ahí buscando un pedazo de carne. Cuál es la pinche satisfacción. Me imagino que este va a decir que lo violaron y por eso ahora es <>. Y como todavía seguía ahí que le pregunto y me empieza a contar su vida. Pues sí, fue violado por un tío y que su papá lo maltrataba; su madre lo odia y lo de siempre.
- Y nada más por eso te volviste puto -le dije- No mames. Eso no es nada con lo que yo he pasado.
- ¿Qué te pasó? –me pregunta.
-Te vale madres –le dije- y no me estés chingando. Los putos como tú no deberían existir o deberían estar en la cárcel.
Se ríe y me enseña las nalgas. Qué nalgas dije entre mi.
-Qué te pasa puto de mierda –grite- ve y enséñale las tepalcuanas a el más viejo de tu casa.
Acabo de mear y me salgo en chinga a la calle. Camino despacio, me muevo lento, distante, tratando de ver qué me pasa, qué traigo dentro. Quién soy. Qué tengo. La puta respuesta es la misma: nada. Sólo soy un looser, un cabrón. Simplemente soy mr. nobody.