Friday, March 03, 2006

Belleza muerta

Estaba viendo Cantando por un sueño cuando mi madre, como todos los domingos, regresó del templo. Me miró como buscando pelea. Yo di el primer golpe pidiéndole cincuenta pesos para salir a la calle. Su respuesta fue un rotundo no que me dolió como patada en los huevos. Sentí tanta frustración que tuve ganas de matarla. Y es que no soporto oír sus putas quejas de siempre, aquellas que me remontan inmediatamente a mi niñez infeliz.
Puta frustración estás de vuelta. Qué me sucede, no lo sé. Desde niño sabía que mi futuro iba a ser incierto, una mierda. Nunca he tenido ambiciones, sueños ni deseos. Justo ahora sólo quiero dinero para ir a correr, tomar una coca-cola y andar de puto. Mierda, mi ánimo está por los suelos. Ya ni el pito se me para; estoy empezando a tener problemas de erección desde hace tres meses. Nada me satisface. Primero me atasco de comida y luego quiero ir a correr. Si me masturbo no siento placer. Fantaseo sexo con mujeres, pero termino imaginando que cojo con hombres.
Pinche crisis de puta madre que ya me duró treinta años. Pero hoy prometo cambiar: lo juro por la virgencita de Guadalupe en quien no creo. O por la Santa Muerte o el que esté de moda. Prometo que para antes de mi cumpleaños, que es en mayo, voy a buscar trabajo, dejar la putería, adelgazar. Mierda otra vez. Estas promesas ya las había hecho desde hace diez años. Si tan sólo me hubiera atrevido a cambiar aquel día cuando mi padre me corrió de la casa. Mas ya es tarde, tengo que aceptar mi destino. Si yo quise ser un puto mamavergas y mantenido que puedo hacer.
Nunca me he sentido como un hombre de verdad. ¿Qué hace que un hombre se sienta como tal? Por más que busco la respuesta no la hallo. Quisiera ser como aquellos cabrones que presumen de tener viejas por montones. Quiero enamorarme, coger, llorar por una mujer. No puedo morir sin haberme sentido completo en mi hombría. Pero la verdad, es que no soporto platicar con varios hombres a la vez, o emborracharme con ellos; es más, las mujeres me dan miedo. ¿Tendrá mi puta madre algo que ver con ese temor? Con el hecho de que mi vida sea tan rutinaria. Todos los días es lo mismo: correr, comer, ver televisión y dormir.
Quizá estas sean algunas razones por las que me siento tan mierda:
Por todos los años que no he trabajado.
Por mi valemadrismo exagerado.
Por mis miedos y fobias.
Por tanta coca-cola que he tomado.
Por no querer salir de mi mundito de ignorancia.
Porque todo lo que escribo es pura mierda que no le interesa a nadie.
Por todas las bufandas que me ponía en la cara para ocultar mi acné.
Por que cuando empiezo algo nunca lo termino.
Porque me salí de la UNAM.
Porque me da por orinarme en donde sea, especialmente en los vasos en los que bebe mi familia.
Porque una vez me cagué en la sala de Juana la gorda.
Por todo el dinero que le he robado a mi familia.
Por mi obsesión con el pene ajeno.
Porque desahogo mis frustraciones maldiciendo en los chats.
Por mi diente podrido.
Por todas las veces que me han preguntado si soy gay y he dicho que no.
Por todos los putos que me han mamado la verga y los que me han penetrado.
Por todo el semen que me han vaciado en la boca y que me produce un aliento a mierda.
Porque puto nací y puto he de morir.
Porque siempre que termino de cagar y alguien entra al baño dicen que huele a belleza muerta.

Perro de azotea

Hoy más que ayer, menos que mañana (espero) me siento más solo que un pinche perro de azotea: olvidado, viejo y virgen. ¡Mierda! Una vez más estoy frente a mi televisor cambiando los canales con tal velocidad que tal vez sea la nueva forma de ver tele. A mi mirada sólo le bastan dos segundos para darse cuenta de que en la televisión sigue habiendo la misma mierda. Especialmente el programa Laura en América hecho a la medida de seres como yo. Me identifico sobremanera con los perdedores de sus panelistas, pero a la vez los detesto.

Por eso prefiero tomar el espejo y mirarme. Tomo también un depilador y comienzo a jalar vello de mi rostro. La sensación es placentera, chida pues. Lo dejo y mejor me voy por los dos litros de refresco que me compré. El resultado: un puto eructo que se escucha por toda la casa. Me regresan los pensamientos y vuelvo a pirar con lo mismo: que ya estoy viejo, desganado. No he querido saber por qué la puta terapia no me funcionó. ¿Me convendrá la hipnosis? Por qué dejé tanto para luego como dice Gloria Trevi. Y es que, nunca he tenido novia y tengo seis años sin trabajar. Justo ahora tengo 300 dólares que le robé a la perra de mi hermana, los cuales he utilizado para tragar y ver películas. No tengo culpa ni remordimientos. Pasé diez años de mi vida trabajando como esclavo de nueve a nueve como un ser obediente y servil: una perra vida.

Aunque ahora todo me agobia. Cuando quiero hacer algo no puedo, y cuando puedo no lo hago. Es un pinche círculo que me encierra. Yo necesito un impulso, pero quién. Todos son iguales a mí: perdedores, miedosos, indecisos, valemadristas. Una cadena alimenticia de mierda. Por eso no tengo amigos o más bien no quiero tenerlos. No tengo a nadie pues tenerlos me pesa, me carcome, me duele. Quiero ser otra persona pero ya es tarde. La matriz no prescribe, la realidad si. Nadie me odia más que yo. Fatídica elección, vida, frustrante obsesión, ecléctico destino, menguada situación, todo y nada, la mierda serás.

Mr. Nobody

Una vez más siento la impotencia de ser un don nadie. Fui a correr pero no corrí como yo quería; me falto algo de aire o no sé qué mierda. Termino insatisfecho, como siempre, pensando en que algo va a pasar y que mi vida va a cambiar. Divago en si voy al cine porno, al metro, a la alameda o cualquier lugar que me de un poco de satisfacción. Que me haga sentir que soy alguien. Llego al cine y el puto de la entrada me pregunta por qué no había ido. Le digo que yo si tengo una vida; que tengo más cosas que hacer además de andar de puto. Me pregunta si fui a la Marcha Gay. Con una sonrisa y una mirada de desprecio le contesto: “No mames, yo soy puto de closet, que no se me nota”. Entro a la sala, mis ojos poco a poco comienzan a distinguir las siluetas de los asistentes. Las mismas imágenes de mierda, el mismo olor a putería. Detesto ese olor a soledad, a frustración. No sé cómo decirlo pero me imagino que alguna vez lo has sentido. Una vez acostumbrado a la luz de la pantalla veo a dos putos mamando verga. Son tan feos los infelices que es la única explicación que encuentro para que estén aquí. Los dos son jóvenes, no rebasan ni los veinte años; pero eso que más da. Me siento y disfruto como nunca las mamadas que se están dando. ¡Dios mío qué rico! Me imagino que somos Ricky y yo. Me saco la verga y me la empiezo a jalar hasta que me vengo. ¡ahhhhhhhhhhhhhhh! Subo al baño y ahí está una <> quien me pregunta la hora. Le digo que no me esté chingando.
- Yo no soy puto. O qué, me viste cara de puto. Cuál es tu pedo. Por qué me hablas. Yo no hablo con putos- le dije amenazante.
Me ve con cara de miedo y me ofrece un cigarro. Y le vuelvo a gritar:
- Pinche puto. Ya te dije que no quiero nada contigo. A lo único que vengo es a mear. Y mejor lárgate. De seguro lo único que quieres es verme la verga. Típico de los putos como tú.
No me contestó nada. Verdaderamente no entiendo por qué habiendo tantas mujeres, hay tanto puto por ahí buscando un pedazo de carne. Cuál es la pinche satisfacción. Me imagino que este va a decir que lo violaron y por eso ahora es <>. Y como todavía seguía ahí que le pregunto y me empieza a contar su vida. Pues sí, fue violado por un tío y que su papá lo maltrataba; su madre lo odia y lo de siempre.
- Y nada más por eso te volviste puto -le dije- No mames. Eso no es nada con lo que yo he pasado.
- ¿Qué te pasó? –me pregunta.
-Te vale madres –le dije- y no me estés chingando. Los putos como tú no deberían existir o deberían estar en la cárcel.
Se ríe y me enseña las nalgas. Qué nalgas dije entre mi.
-Qué te pasa puto de mierda –grite- ve y enséñale las tepalcuanas a el más viejo de tu casa.
Acabo de mear y me salgo en chinga a la calle. Camino despacio, me muevo lento, distante, tratando de ver qué me pasa, qué traigo dentro. Quién soy. Qué tengo. La puta respuesta es la misma: nada. Sólo soy un looser, un cabrón. Simplemente soy mr. nobody.